Salamanca
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En octubre de 2019 las últimas Clarisas de Salamanca abandonaban el convento de las Claras que acogió durante ocho siglos a las religiosas. Un punto y seguido para un edificio cargado de historia y que ahora vuelve a abrir sus puertas de manos de la Fundación Las Edades del Hombre. El nuevo Museo de Pintura Medieval pone en relieve la importancia artística de este espacio, de sus murales, su artesonado y su Musealización. Con el nuevo itinerario turístico se abren al público espacios inéditos para las visitas, se modifica la ruta existente hasta la actualidad y reordena y dota de nuevos fondos y relatos las partes musealizadas.

La historia del Convento de las Claras de Salamanca comienza en el siglo XIII y desde entonces el lugar ha sido testigo del devenir de la ciudad, no sin complicaciones, como el incendio del año 1413 y que según documentación aportada por la Fundación Las Edades del Hombre, provocó daños irreparables, pero no supuso su final. La protección de la Iglesia y el mecenazgo de la época permitieron reconstruir y levantar de nuevo el monasterio.

Testigo de la historia

Desde sus orígenes hasta hoy el convento ha sido testigo de las vivencias de la ciudad y ese paso del tiempo ha ido dejando su huella en su interior, y también tesoros, pues dentro descansan piezas artísticas de incalculable valor, que datan fundamentalmente de entre el siglo XIII y el siglo XVIII. Destacan sus pinturas lo que ha llevado a la fundación a ponerle el nombre de Museo de Pintura Medieval, sin restar valor a otras piezas y estancias de gran valor como su claustro, sus coros, el mirador o su artesonado.

Sobre esto último, el artesonado, la fundación ha explicado que parte de esta tecumbre de madera de «gran riqueza histórico-artística pertenece a la cubierta que tuvo la iglesia en el siglo XIV y sobre todo a aquella que se añadió durante el siglo XV, después del importante incendio que sufrió todo el edificio».

Tal y como explicó durante la presentación de la reapertura del museo el secretario general de la Fundación Las Edades del Hombre, Gonzalo Jiménez, el hallazgo del artesonado fue «casual», cuando en 1973 los obreros que entonces estaban reparando la estancia accedieron al hueco entre las maderas y las bóvedas, y descubrieron lo que había oculto.

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