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En el Monte de San Vicente, el punto fundacional de Monforte de Lemos, iniciamos esta ruta por las juderías gallegas. En ese enclave elevado de Lugo donde se mantiene la majestuosa Torre del Homenaje y el Monasterio benedictino de San Vicente del Pino, hoy convertido en un elegante Parador Nacional, se divisa todo el valle de Lemos con el arroyo Zapardiel y el Río Cabe que discurren a sus pies. Es, sin duda, un privilegiado mirador desde el que resulta fácil acceder a las calles en las que residían judíos y cristianos en la Edad Media. Siempre protegidos por la muralla, visible hoy en un sencillo recorrido a pie, y dedicándose al comercio de la seda, paños, platería y a profesiones como la abogacía o la medicina. Falagueira, Pescaderías o Zapaterías son algunos nombres de estas vías en las que se puede apreciar algún trabuleiro, el mostrador que utilizaban los judíos en las ventanas para realizar sus ventas. A partir de la Plaza de España arranca la Rua Cardenal Rodrigo de Castro que conduce directamente al Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, el considerado «Escorial gallego» con su fachada herreriana de 110 metros de largo. En el interior sorprende su escalera principal, el gran retablo mayor de la iglesia y su pequeña pero valiosa pinacoteca, con dos cuadros originales de El Greco y cinco de Andrea del Sarto.

Plaza Mayor de Ribadavia
Plaza Mayor de Ribadavia

Ribadavia, la cuna del Ribeiro

La visita a Ribadavia abre la posibilidad de conocer cómo era la vida de los judíos que se asentaron en esta villa vinícola entre los siglos XI y XIII. Su Centro de Información Judía de Galicia, ubicado en el Pazo de los Condes, anexo al castillo de la villa orensana, revela cómo judíos y cristianos lucharon de manera coordinada en 1386 contra las tropas del Duque de Lancaster que habían invadido Galicia, aunque la judería resultó muy dañada en esa contienda. A principios del siglo XVI, algunas fuentes aseguran que la población hebrea alcanzaba los 1.500 habitantes, aunque en la realidad no debieron ser más de 200. Hoy existen pocos testimonios de ese pasado, pero sí se sabe que los conversos vivieron con cierta tranquilidad hasta el siglo XVII simulando ser cristianos y practicando su religión clandestinamente. Hoy sí es, en cambio, casi obligatoria la visita a la tahona de Herminia Rodríguez, una gallega de 82 años que ha dedicado los tres últimos decenios de su vida a elaborar ricas pastas sefardíes.

Los sambenitos de Tui

Catedral de Tui
Catedral de Tui

El recorrido por estas juderías del noroeste de España finaliza a orillas del río Miño en Tui, una de las siete capitales del Reino de Galicia hasta 1833. La segunda ciudad más rica en patrimonio histórico artístico en tierras gallegas tras Santiago de Compostela tuvo gracias a su comuna judía medieval una importancia tal que algunos la consideran el principal núcleo judeoconverso de la región. Alrededor de 600 judíos vivieron en este punto neurálgico y fronterizo con Portugal, dominado por su bella catedral defensiva, en la que se comprueba cómo la convivencia hebrea y cristiana era un hecho normal. Lo atestigua una menorá o candelabro de siete brazos, grabada en el claustro gótico con el nombre de un personaje de la comunidad judía.

Al salir de la catedral se dispersan algunas de las calles que constituyeron la Judería, un espacio de oración que conducía a la cárcel capitular, la carnicería y el cementerio, pasando por la sinagoga. Desde la sinagoga se extendía otra área donde se conservan algunas viviendas hebreas del siglo XV como las Casas de Salomón, Moisés y Aarón, situadas cerca de la Torre de Xudeu, hoy convertido en un hotel. Desde este solar, un viejo pasadizo subterráneo conecta de nuevo con el área fortificada de la catedral donde se halla el Museo Diocesiano que guarda una curiosa atracción turística. Se trata de una colección de sambenitos únicos de 14 tudenses procesados por la Inquisición entre los años 1616 y 1621, con los nombres de los acusados, los delitos y las penas a las que fueron condenados.

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